¡Que Dios te bendiga, Presidente!

“En mi comienzo está mi final”, decía T. S. Eliot, y el de Barack Obama ha llegado. Después de ocho años de mandato, el presidente saliente de los Estados Unidos abandona la Casa Blanca y se ha despedido como acostumbra a hacer en sus apariciones, con una extraordinaria pulcritud, en el más amplio sentido de la palabra. “Encontrar algo que decir”, afirmaba Bernbach, “es el comienzo de cualquier proceso de comunicación, pero cómo lo digas hace que la gente atienda, escuche y cambie de opinión”. Sin duda, Obama ha dado buena cuenta de que es un orador cultivado, en el que concurren los tres objetivos que todo orador que se precie debe perseguir: docere, delectare et movere.

obamaDirecto, locuaz, elegante, brillante, con carisma, sabe elegir en cada momento las palabras adecuadas; sabe estructurar su discurso, haciendo uso de las figuras retóricas que lo embellecen;  y sabe proclamarlo con absoluta claridad. Epítetos, paralelismos, anáforas, repeticiones, eufemismos… Todo ello, acompañado de una equilibrada comunicación no verbal que hace que sus gestos, su mirada, su apariencia y su voz hagan creíble cada una de las palabras que pronuncia.

En su despedida, Obama no nos ha defraudado. Ha pronunciado un emotivo discurso en el que el ‘yo’ del presidente saliente se ha fundido con el ‘nosotros’ del pueblo americano. No han faltado las alusiones a los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América y a todo el legado que se ha trasmitido generación tras generación: solidaridad, igualdad, prosperidad, libertad, esperanza… Pero tampoco han faltado las lágrimas, esas lágrimas de ternura que reflejan las expresiones más íntimas de nuestros sentimientos y que Obama ha derramado al mirar a su mujer, esposa, madre y amiga. Lágrimas de agradecimiento a Michelle, a sus hijas, a su vicepresidente y amigo, a su equipo y a todos los ciudadanos americanos que un día creyeron y apostaron por él.

Me reafirmo en las palabras que un día escribí en una entrada de este blog, El Cicerón americano. Barack Obama es el ‘novus homo novus’ del siglo XXI, sencillo, que habla desde el corazón; ese que hace florecer las emociones más profundas; ese que sabe empatizar con padres e hijos, ricos y pobres, sin importarle el color de la piel, la raza o la nacionalidad. Barack Obama es y será por siempre el eterno Cicerón americano.

¡Qué Dios te bendiga, Presidente!

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