Tú, tu propio mensaje

peter_paul_rubens_115Desde que en el año 2011 se aprobara la reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), a partir de la convocatoria oficial de las elecciones y hasta la celebración de las mismas “…queda prohibido cualquier acto organizado o financiado, directa o indirectamente, por los poderes públicos que contenga alusiones a las realizaciones o a los logros obtenidos… Asimismo, durante el mismo período queda prohibido realizar cualquier acto de inauguración de obras o servicios públicos o proyectos de éstos…”. Terminados todos los actos sociales, llega el momento de escuchar al candidato, de oír sus propuestas, sus promesas, sus ideas … Es hora de poner nombre a la cosas, de salir a la palestra y dejar constancia de la veracidad de los hechos y de las palabras.

El candidato es ahora el protagonista, el actor principal de su obra, y deberá aunar y conjugar carácter y personalidad con su propio mensaje para evitar cualquier tipo de manipulación en la proyección de su imagen, porque su imagen, por sí misma, ya es mensaje. Sus acciones, las piezas gráficas de la campaña, su equipo, su familia, su web, sus declaraciones, lo que publica en redes sociales… están comunicando permanentemente. Y están comunicando a un público muy variado, desde el más instruido hasta el que tiene una educación básica, motivo por el que el discurso deber ir desde lo más sencillo y templado, hasta lo sublime; desde lo más simple hasta lo más exuberante, pasando por lo más barroco y adornado. La elección de las palabras, los artificios del lenguaje, las figuras de pensamiento o de dicción… se utilizarán de acuerdo al estilo que convenga. El quid de la cuestión es adecuar el discurso al auditorio y entremezclar res y verba para, como decía el Arpinate, conseguir enseñar, agradar y conmover (docere, delectare et mouere).

Ahora todas las armas están en la palabra, en ese mensaje que, ayudado por las adecuadas herramientas de comunicación, debe venderse a sí mismo a la vez que resaltar los valores del candidato. Hoy en día casi todos los políticos hablan de las mismas cosa. La diferencia es saber cómo contarlas para persuadir a los votantes. Por eso, busca una diferencia real entre tu contenido y el del resto de candidatos y crea mensajes con valor positivo que hagan que seas único. Mensajes simples, sin complicaciones ni dificultades de comprensión; con frases cortas, palabras sencillas y familiares. Mensajes cargados de acción y de emoción, que permitan ver incluso lo invisible. Mensajes que conecten con la gente. Mensajes para expresar más que para impresionar.

Si no eres capaz de conseguirlo, es hora de que te plantees si eres el candidato adecuado. No corras el riesgo de tener una buena comunicación para un mal candidato, ni un buen candidato con una pésima comunicación. Ahora tú, íntegramente, eres tu propio mensaje y ese mensaje determinará si vas a lograr o no lo que te propongas.

 

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2 respuestas a Tú, tu propio mensaje

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