Rancio olor a elecciones

sanchez-rajoy-1188Antes de que comenzara el Debate del Estado de la Nación, todos sabíamos que no se trataría de un debate al uso para evaluar el estado del país, sino que sería el punto de partida de un intenso año electoral que culminará con el voto de los ciudadanos en las urnas. No era el momento de hablar de herencias, de reproches, ni de propuestas de futuro. Ni de Bárcena, Griñán o Chaves. Era el momento de hacer balance anual y pudimos ver de todo menos eso. Mucho derroche de corbatas, de trajes, de tecnología, de democracia y tolerancia para terminar con un bronco, ácido y navajero debate entre los Sres. Rajoy y Sánchez.

La tranquilidad con la que dieron comienzo las intervenciones fue subiendo de tono hasta llegar a un duro enfrentamiento dialéctico que pone en entredicho el Pacto de lucha contra el terrorismo yihadista que ambos líderes firmaron hace unos días. Las formas oscurecieron el fondo y los cuchillos brillaron por encima de las ideas. Y en medio de todo, los españoles sufriendo las consecuencias. Se perdieron los papeles y con ellos se perdió la razón. Y si a talla se refiere, creo que ninguno de los dos ha dado la talla ante miles de ciudadanos que seguimos sus intervenciones con mucho más interés que en años anteriores.

¿Que quién ganó? Pues como siempre, según  a quien se pregunte. Nada es verdad o mentira ya que todo depende del cristal con el que se mire. Desde mi humilde prisma, doy un suspenso a ambos dirigentes. Doy un suspenso a su arrogancia, a su soberbia, a su falta de escrúpulos. Doy un suspenso a su falta de consideración con un país cuyos ciudadanos siguen sufriendo el azote de la crisis como consecuencia de una pésima gestión. Doy un suspenso al Sr. Rajoy, al Sr. Sánchez y a toda la bancada de políticos que vitoreaba una exposición bochornosa de sus dirigentes. Hubiera preferido ver a unos políticos interesados en el bienestar de los ciudadanos más que en salir victoriosos de una lucha verbal, que no ideológica, y que ya ha traspasado las fronteras del ‘y tú más’. Hubiera preferido ver comunicación, diálogo, carisma, templanza y, sobre todo, educación y respeto. Hubiera preferido no sentir ese rancio olor que ya se palpa en el ambiente.

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