Sentir. Vivir. Convivir

manos3_2A estas alturas nadie dudará de que la comunicación constituye uno de los soportes indispensable para llevar a cabo las funciones básicas, no sólo de los individuos, sino también de cualquier organización. El buen funcionamiento de una institución tiene mucho que ver con los procesos comunicativos que se establecen. Todos los tipos de interacción posibles dependen de una forma u otra de la comunicación y, por ello, es necesario desarrollar y cultivar ciertas habilidades que nos permitan relacionarnos, entendernos y expresarnos; que nos permitan pensar, comprender, producir, hablar, oír, escribir, leer…; que nos permitan todo esto de manera eficaz.

Ahora bien, si realmente las bondades de todo proceso comunicativo son tantas y tan importantes ¿por qué no se les ha dedicado más atención? ¿Acaso su complejidad ha sido óbice para ese descuido? ¿Dejadez? ¿Desidia? ¿Abandono? ¿Desconocimiento? Sea cual sea el motivo, lo cierto es que cada vez son más las organizaciones conscientes de la necesidad de mejorar su comunicación, tanto interna como externa. Dicha mejora pasa por la puesta en marcha de una estrategia global de transparencia, de participación y de implicación de todos y cada uno de sus miembros.

El reto es conseguir una comunicación organizativa eficaz, reto difícil pero no imposible y es en los equipos directivos en quienes reside gran parte de esta responsabilidad. Una de sus múltiples tareas es la de dominar determinadas habilidades de relación interpersonal y de conductas, que expresan sentimientos, actitudes, deseos, opiniones… y que son el corazón de esa función directiva. Entre estas habilidades se encuentra la de saber comunicar y saber comunicarse con los demás. De ello depende, en gran medida, el buen clima de trabajo, el grado de satisfacción de todos los miembros del equipo y el éxito o el fracaso de la organización en cuestión.

Es evidente que el concepto de comunicación ha evolucionado con el paso del tiempo y ha pasado de ser un proceso lineal, en el que el emisor enviaba un mensaje al receptor, a un proceso interactivo y dinámico que no consiste únicamente en la transferencia del mensaje, sino en la comprensión del mismo por parte de quienes intervienen. La comunicación no se completa, pues, hasta que el ciclo se haya cerrado por completo; hasta que el receptor haya comprendido el mensaje transmitido; hasta que, en definitiva, se haya producido ese intercambio comunicativo.

Intrapersonal, interpersonal y grupal; formal o informal; lateral o recíproca; ascendente, descendente u horizontal; interna o externa; oral o escrita… sea cual sea la tipología, es necesario conocer cuáles son los aspectos básicos para llevar a término acciones de mejora de una manera fundamentada, partiendo de un diagnóstico de necesidades y carencias. Por todo ello, es importante tomar conciencia y asumir el control de lo que comunicamos, para ser eficientes y extraer el máximo de las personas y de las situaciones. Porque necesitamos escuchar, hacer preguntas, manifestar nuestra opinión, quejarnos, hacer y recibir críticas, hablar en público, afrontar situaciones de crisis, dirigir equipos… En definitiva, porque comunicar es algo más que decir. Es sentir. Es vivir. Es convivir.

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